
Preguntas al Postulador de la causa, Mons. Flavio Capucci
2012/06/18
1. ¿Por qué Mons. Álvaro del Portillo es candidato a la beatificación? ¿Qué ha hecho?Su vida se nos presenta como un sí constante a los requerimientos del Señor. Mons. del Portillo se ha entregado heroicamente al servicio de la Iglesia y de las almas, fiel al ejemplo de san Josemaría Escrivá. Ha acercado a Dios a muchas personas.
Para abrir una causa de canonización, el elemento determinante es la existencia de una sólida fama de santidad, espontánea y difundida entre una parte significativa del Pueblo de Dios. Se ha dado inicio a la causa de Mons. del Portillo porque, desde el día de su muerte, ha habido demostraciones evidentes de esta fama. Mucha gente en todo el mundo estaba convencida de que era una persona santa e invocaba su intercesión con el objeto de obtener favores del Cielo. La función de la causa es verificar si esa fama de santidad tiene un fundamento real. El decreto sobre las virtudes heroicas nos dice que la Iglesia ha llegado a un juicio positivo sobre su santidad de vida.
Además de su personal empeño de santidad, hay que considerar también el impulso decisivo que dio a la creación de instituciones destinadas al bien del prójimo, como el Hospital Monkole, en Kinshasa, el hospital de la Niger Foundation en Enugu (Nigeria), la Universidad Campus Bio-medico, en Roma, la Universidad Pontificia de la Santa Cruz y el Colegio Eclesiástico Internacional Sedes Sapientiae, también en Roma, donde miles de seminaristas y sacerdotes reciben una cuidada formación doctrinal y espiritual.
2. ¿Cuál es su principal mensaje?
En las enseñanzas de Álvaro del Portillo encontramos acentos específicamente doctrinales, como el papel de los laicos en la Iglesia, los fundamentos del ministerio sacerdotal o la unidad con el Sumo Pontífice y la jerarquía. Pero yo subrayaría, como característica general de su figura, la virtud de la fidelidad: fue un ejemplo de fidelidad a la Iglesia (primero como ingeniero, luego como sacerdote, finalmente como obispo), de fidelidad a los Papas con los que estuvo en contacto, de fidelidad a la vocación y, en fin, de fidelidad al fundador del Opus Dei. La fidelidad es una virtud creativa, que exige una continua renovación interior y exterior. No consiste solo en “conservar”, sino en extraer siempre nuevas virtualidades del tesoro recibido. La fidelidad es la otra cara de la moneda de la felicidad. Y Álvaro del Portillo fue un hombre verdaderamente feliz.
3. Entre sus virtudes, ¿cuál destacaría?
Quienes lo han conocido de cerca ponen de relieve, además de la virtud de la fidelidad, otras que pueden parecer menores, pero que son esenciales para un cristiano. Entre estas, la afabilidad y la mansedumbre, porque no se puede decir que sonriera a menudo: sonreía siempre. También la bondad, la capacidad de difundir a su alrededor un clima de serenidad, especialmente en los momentos difíciles. Y no se puede olvidar su laboriosidad: tenía un ritmo de trabajo increíble, no se concedía pausas, y no por eso se le iba la sonrisa de los labios. Era muy exigente consigo mismo y con los demás: daba el máximo y pedía el máximo.
Sin embargo, además de todo esto es obligado recordar, sobre todo, la caridad: amaba a Dios y a los demás con todo el corazón. Tenía el don de una profunda paternidad espiritual: todos los que se le acercaron alguna vez recuerdan en él al Padre, a un padre bueno, que comprende, que perdona, con una confianza incondicionada en los demás, en la lealtad de cada uno.
Por último, quisiera hablar de su humildad: nunca pretendía imponerse o imponer sus propias opiniones. Cuando fue llamado a suceder a san Josemaría al frente del Opus Dei, su programa de gobierno tuvo por única meta la continuidad con el ejemplo del fundador.
4. ¿La devoción a Mons. Álvaro del Portillo se vive solo en el Opus Dei?
No, su fama de santidad es un verdadero fenómeno eclesial. Nos han llegado 12.000 relaciones firmadas de favores obtenidos por su intercesión, muchas veces de países en los que el Opus Dei ni siquiera está presente. El boletín sobre su causa de canonización ha alcanzado los cinco millones de ejemplares; las estampas para la devoción privada que se han impreso en todo el mundo suman diez millones. Sin duda se puede decir que Mons. del Portillo es un don de la Iglesia y para la Iglesia.
A su muerte, Juan Pablo II quiso recordar “su celosa vida sacerdotal y episcopal, el ejemplo que siempre dio de fortaleza y de confianza en la providencia divina y su fidelidad a la sede de Pedro”. El entonces cardenal Ratzinger evocó “la modestia y la disponibilidad en cualquier circunstancia” que caracterizaron el servicio prestado por Mons. del Portillo durante tantos años en la Congregación para la Doctrina de la Fe, “institución que contribuyó a enriquecer de modo singular con su competencia y experiencia”.
5. ¿Cuál fue el papel de Mons. del Portillo en el Concilio Vaticano II y en general en la Santa Sede?
Durante el Concilio fue secretario de la Comisión De disciplina cleri et populi christiani, de la que salió el decreto Presbyterorum Ordinis, y perito de las comisiones De Episcopis et dioecesium regimine y De religiosis. Después fue consultor de la Sagrada Congregación del Concilio, calificador de la Suprema Congregación del Santo Oficio y consultor de la Pontificia Comisión para la revisión del Código de Derecho Canónico. También fue juez del Tribunal para las causas de competencia de la Congregación para la Doctrina de la Fe y consultor de esta misma Congregación, así como secretario de la Comisión para los Institutos Seculares de la Congregación de Religiosos y consultor de la Congregación del Clero, del Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales y de la Congregación para las Causas de los Santos.
Quienes trabajaron con él ponen de relieve la determinación con que promovió los derechos de los laicos en la misión de la Iglesia (su libro Fieles y laicos en la Iglesia es un texto clásico del pensamiento teológico y canónico sobre el tema) y la belleza e importancia de la santidad sacerdotal.
6. ¿Tiene algo que decir Mons. Álvaro del Portillo a los no católicos?
Como es sabido, el núcleo del mensaje del Opus Dei, porfiadamente predicado por san Josemaría, es la santificación del trabajo. Mons. del Portillo encarnó ejemplarmente esta enseñanza. Trabajó sin descanso durante toda su vida: primero como ingeniero, luego como sacerdote y en los últimos años como obispo, dando siempre un alto sentido a su labor, con la que perseguía la gloria de Dios y el bien del prójimo. Yo pienso que precisamente en el hecho de haber vivido el trabajo como quicio de la santidad hay una enseñanza de vigencia universal, válida no solo para los católicos sino para todas aquellas personas que son sensibles al valor espiritual del compromiso por dar un sentido no transeúnte a las realidades terrenas.
7. ¿Nos puede facilitar algunos datos sobre el proceso? ¿Quiénes han sido los testigos?
De acuerdo con las normas de la Iglesia, puedo comunicar los datos que son públicos.
Ha habido dos procesos paralelos. Uno se ha desarrollado en el tribunal de la Prelatura del Opus Dei, pues el Prelado fue reconocido como el obispo competente en esta causa. Sin embargo, como su nombre figuraba en el elenco de los testigos, consideró preferible no ser interrogado por su propio tribunal, sino por un tribunal externo, con el fin de garantizar más escrupulosamente la neutralidad en la instrucción del proceso. En consecuencia, pidió al Cardenal Vicario de Roma que encargara al tribunal del Vicariato la tarea de interrogar a los principales colaboradores de Mons. del Portillo en el gobierno del Opus Dei, y entre ellos a él mismo, así como a varios eclesiásticos residentes en Roma. Además, dado el elevado número de testigos que viven lejos de Roma, han sido celebrados otros ocho procesos en régimen de comisión rogatoria en Madrid, Pamplona, Fátima-Leiria, Montréal, Washington, Varsovia, Quito y Sydney.
En total se ha interrogado a 133 testigos (todos de visu, salvo dos que han contado dos milagros atribuidos al Siervo de Dios). Entre ellos hay 19 cardenales y 12 obispos o arzobispos. 62 testigos pertenecen a la Prelatura; los que no pertenecen son 71.
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SAN JOSEMARÍA
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2013/05/24

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