¿Cuál es el núcleo de la vida de Isidoro Zorzano?

Conferencia en la parroquia de san Alberto Magno de José Carlos Martín de la Hoz, vicepostulador de la Causa de canonización de Isidoro Zorzano, con motivo de su nombramiento como 'venerable'.

Documentación

Agradezco al Párroco de san Alberto Magno, don Luis Augusto, su amable invitación, para participar en este sencillo homenaje a Isidoro Zorzano, precisamente en el lugar físico donde se encuentran sus restos mortales y adonde acuden tantas personas del mundo entero para venerarlos.

Como en los años cuarenta, son muchos los que recuerdan haber acompañado a un amigo o a un familiar a rezar ante la tumba de Isidoro Zorzano en el cementerio de la Almudena y haber dejado allí sus necesidades materiales y espirituales, con la confianza en que Isidoro, como buen amigo de Dios y nuestro, intercedería por esas intenciones y por nosotros.

Hoy nos hemos congregado aquí para celebrar que nuestro común amigo Isidoro Zorzano, ha sido nombrado venerable Siervo de Dios por el santo Padre Francisco. En efecto, desde el pasado veintidós de diciembre, la Iglesia ha cesado de ofrecer sufragios por su alma y ha pasado a proponerlo como un modelo e intercesor para todo el pueblo de Dios.

¿Cuál es el núcleo de la vida de Isidoro Zorzano?

Así pues, es lógico, que ahora en este salón de actos y rodeados de tanta gente joven, testigos de la continuidad de su devoción y fama de santidad, nos hagamos de nuevo la pregunta esencial: ¿Cuál es el núcleo esencial de la vida del nuevo Venerable Siervo de Dios?

La respuesta es fácil: Isidoro fue un hombre que amaba a Dios y a los demás y era un gran trabajador. Lo primero nos recuerda que la caridad es el mandamiento de Jesús y lo segundo que era del Opus Dei.

¿Cuál es el núcleo esencial de la vida del nuevo Venerable Siervo de Dios? La respuesta es fácil: Isidoro fue un hombre que amaba a Dios y a los demás y era un gran trabajador

El resumen que hace la Congregación para la Causa de los Santos en el Decreto por el que Isidoro es nombrado Venerable Siervo de Dios, comienza afirmando que tenía una inteligencia normal y una gran tenacidad. Es decir que los talentos medios son los preferidos de Dios, los que habitualmente sacan adelante la Iglesia y la sociedad civil, hace falta, por tanto, por la segunda parte: la tenacidad y la constancia. No olvidemos que perseverancia es amar con constancia. Y, hoy, como ayer, tú y yo podremos tener la felicidad de haber sido un punto de apoyo para Dios. Haber gozado de la confianza de Dios.

Que Isidoro era un gran trabajador nos lo demuestra que cuando murió fueron tres las personas que tuvieron que sustituirle. Y lo más importante: era un gran trabajador que buscó santificar su trabajo, es decir, se esforzó en realizarlo cara a Dios y para servir a los hombres.

Como decía un buen hombre de Antequera, en 1972, cuando animaba a sus hijos a acudir a una tertulia en Jerez de la Frontera (Cádiz) con san Josemaría: «Tenéis que escuchar a aquel hombre como habla de Dios y del camino para ir a Dios. Trabajar, trabajar, tenemos todos que trabajar; así que, si además te ganas el cielo, matáis dos pájaros de un tiro».

La cuestión no se solventa pensando en un truco para llevar bien eso de tener que trabajar, sino algo mucho más profundo: Dios se ha cruzado en nuestro camino. Atraviesa las coordenadas espacio-temporales, se hace cercano, próximo, íntimo y nos dice a cada uno personalmente al oído: 'Tú, sígueme'. Pero sígueme en medio del mundo, hazme presente en tu vida y en la de tus seres queridos.

Saberse llamado por Dios a ser santo, es ser hombre de la confianza de Dios. Dios confía en cada uno de nosotros, aunque no siempre somos conscientes. Los santos, con su ejemplo, nos ayudan a recordar esa verdad de la complacencia del Señor y de su llamada específica a cada hombre.

En Málaga desarrolla su inquietud social, ayudando a los necesitados, principalmente en colaboración con instituciones eclesiásticas y con asociaciones civiles y académicas

La historia personal de cada uno cuenta, porque entra en los planes de Dios. En el caso de Isidoro, su familia llegó a Logroño desde Argentina, y años después quebró el banco argentino donde tenían depositados los ahorros. Podemos decir que fue una familia de emigrantes y arruinada.

La Providencia le lleva a ser compañero de estudios de san Josemaría, en el instituto de Logroño, y a cuajar una amistad entre ambos. Luego, con muchos esfuerzos completa sus estudios de ingeniería en Madrid y empieza a trabajar en Málaga.

Allí desarrolla su inquietud social, ayudando a los necesitados, principalmente en colaboración con instituciones eclesiásticas (federación de estudiantes católicos y junta diocesana de Acción Católica), pero también en asociaciones civiles y académicas. Forjó un gran número de amigos y relaciones sociales.

Tras un providencial encuentro con san Josemaría en Madrid, donde por fin descubrió el camino que Dios había señalado para él desde toda la eternidad y empezó su andadura en el Opus Dei. Con gran esfuerzo y generosidad cumplió los trabajos que se le encargaban, y su valentía durante la guerra le permitió visitar y atender a muchos perseguidos en el Madrid republicano.

Las virtudes más características de Isidoro Zorzano

Una de la virtudes más características, fruto de la humildad, fue la de pasar oculto. Isidoro, supuso un gran apoyo para el Fundador del Opus Dei en los comienzos del desarrollo de la Obra. La gente confiaba en él, y esa confianza le permitía formar a los demás en el espíritu de servicio, en el trabajo bien hecho y en el cumplimiento de los deberes ordinarios como cristianos.

En la Renfe, fue un magnífico jefe para los trabajadores a sus órdenes en su trabajo profesional en la compañía y un gran maestro de los aprendices en los Talleres, como atestiguan numerosos testimonios.

Llevó su enfermedad sin quejarse y con un señorío que admiró al personal sanitario y a quienes iban a visitarle donde estuvo ingresado y murió, acostumbradas a ver pacientes pero que notaron el espíritu sobrenatural con que santificó ese último periodo de su vida.

A Isidoro le gustaba mucho en los últimos meses, en la clínica, jugar con un pequeño tren que le habían puesto en la mesilla de noche y pensaba en pitar, en ponerse bueno para volver al trabajo. Sabía que sería fiel luego si era fiel ahora, en este momento. Como decían aquellos jóvenes al oír a san Josemaría decir: Hodie, nunc, hoy, ahora. Hoy o nunca.

Uno de sus compañeros anotó en su agenda a modo de 'epitafio': "Muere Isidoro. Pasó desapercibido. Cumplió con su deber. Amó mucho. Estuvo en los detalles y se sacrificó siempre"

Tras su muerte, fue llamativa su fama de santidad, que se ha mantenido y extendido en estos setenta y cuatro años transcurridos; los muchos favores que llegan a la postulación de la causa y la devoción popular no dejan de crecer (sobre todo aquí en España y en Argentina, pero también en Polonia, Japón y muchos otros países). Llegan cientos de favores, con una "especialización" particular en lo que se refiere a cuestiones laborales, manejo de máquinas y organización económica.

José Manuel Casas Torres, uno de sus compañeros, anotó en su agenda a modo de 'epitafio': «Muere Isidoro. Pasó desapercibido. Cumplió con su deber. Amó mucho. Estuvo en los detalles y se sacrificó siempre».

Como modelo e intercesor, Isidoro presentará siempre ante Dios nuestras peticiones, especialmente las que tienen que ver con la vida santa de trabajo profesional bien hecho, y con el espíritu de servicio a los demás, escondido y silencioso. Isidoro nos guía para ser cada vez más conscientes de que Dios confía en nosotros, como confió en él.